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Proyectos inmobiliarios que destruyen el ecosistema 

  • Foto del escritor: Ruben Cruz
    Ruben Cruz
  • hace 7 días
  • 3 min de lectura

Estos negocios que se realizan con el desmonte de cientos de hectáreas eliminando miles de especies de la flora y fauna de estos lugares. Situación que vulnera todos los parámetros del cuidado del ecosistema de la ribera del Río de La Plata, sus humedales y bosques por el cual respiramos. Todo bajo la hipocresía típica de cualquier desarrollador inmobiliario que se basa en el concepto de “comodidad” de unos pocos sobre daños “colaterales” de una mayoría.



Veamos cómo se presenta un proyecto inmobiliario, en este caso tomamos como ejemplo Puerto Nizuc en el distrito de Berazategui donde nos dice:

“Puerto Nizuc es un proyecto de 360 hectáreas de usos mixtos, ubicado a 20 minutos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Surgido de la búsqueda de una calidad de vida excepcional, combina las comodidades de la vida urbana con un contacto pleno con la naturaleza.”

Esta cartilla de promoción representa el pensamiento lineal que sostiene como un principio el sistema capitalista. Es decir, una línea que avanza y avanza en un solo sentido atropellando todo a su paso, filosofía  de la modernidad, y como ya señalamos, de la comodidad, donde la apropiación de clase suma otro de los principios para el uso de los bienes comunes que son de todxs.

Es tan vergonzosa dicha presentación, que nos indica que “... combina las comodidades de la vida urbana con un contacto pleno con la naturaleza.” ocultando bajo la alfombra la inexistencia  tal contacto pleno con la naturaleza, porque ese barrio privado es construido bajo la destrucción de dicha naturaleza, y no al revés.

Las consecuencias de semejante atropello son muchas: como ya contamos consta de la eliminación de miles y miles de especies por la salinización del suelo; apareja el daño al absorción  y el curso de los canales y arroyos, necesarios para la simbiosis en los humedales y bosques,pero que, además aumenta las posibilidades de inundaciones de los barrios populares de la zona. 

¿Y el Estado? 

Lejos de brindar el blindaje del ecosistema preservando la biodiversidad que nos contiene a todos los seres vivos, haciendo lugar a leyes como la Ley General Ambiental 25.675 y el Acuerdo de Escazú; las autoridades tanto provincial como municipal se comportan como lo que representan, un Estado al servicio de una clase, la que promueve “ la modernización y la comodidad”, es decir de la clase que ostenta el poder de destruir si eso le reditúa riqueza.

Así lo han comprobado las distintas organizaciones en defensa del ambiente de Berazategui, como el Foro en defensa del Río de La Plata. Quienes han realizado distintas presentaciones judiciales para frenar estas construcciones sobre los humedales y la ribera del Río de La Plata.

Pero, acaso estas leyes y acuerdos pueden alguna vez aplicarse en lo concreto? Solo pueden tener utilidad relativa en un contexto de relación de fuerza de esta sociedad de clases, a favor del campo popular. Que puede sostenerse en pie en la medida que nuestra fuerza avance en  cambios cualitativos, de transformación social. Por el contrario, en la actualidad la relación favorece al Estado como brazo ejecutor, en este caso de los desarrolladores inmobiliarios. Es por ello que los proyectos avanzan.

Y entonces? 

En este milenio la lucha en defensa de los ecosistemas ha dado un salto progresivo, se han sumado miles de colectivos ambientales que se masifican día a día. Este hecho tiene su base material en las nuevas generaciones que, se posicionan frente al desastre ambiental del sistema protagonizando procesos de movilización en todo el País. La defensa del agua en Mendoza, de los glaciares, contra la ley de inviolabilidad de la propiedad privada son una manifestación de ello.

Por ello sobre la base de esta realidad depositamos toda la confianza y fuerza para juntxs cambiar la relación de fuerza que frene este desastre ambiental, transformando la sociedad y recuperemos la filosofía de los pueblos originarios, la tierra es de todxs y no es de nadie.

Rubén Cruz


 
 
 

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