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MALVINAS: PETRÓLEO, PESCA — EL SAQUEO AVANZA.

Foto del escritor: Omar Rombolá
Omar Rombolá
5 sept
11 min de lectura

Milei empujado por especulaciones electorales comete una torpeza, pone en agenda al RIGI.

                                       Omar Rombolá para Karne de Máquina


Distintos momentos, un mismo oportunismo Galtieri y Milei usando la causa Malvinas
Distintos momentos, un mismo oportunismo Galtieri y Milei usando la causa Malvinas

Mientras Milei intenta balbucear un discurso de soberanía sobre Malvinas, el proyecto petrolero Sea Lion avanza y expone una trama de saqueo, negocios y fusiones empresariales que llega hasta compañías vinculadas al RIGI. Petróleo, pesca y recursos naturales en disputa: las contradicciones de un gobierno que denuncia el saqueo en las islas mientras blindan grandes capitales para explotar las riquezas fronteras adentro.

Creo que jamás pensaron aquellos que, en una habitación de

un hotel de EE. UU. con una sábana rota y un poco de pintura, que iban a desatar un sentimiento nacional dormido y una trama que se vino a sumar a la miseria creciente otro elemento de demolición de la imagen de un gobierno ya en declive.


El Proyecto Sea Lion


Mientras Javier Milei intenta mostrarse ahora como un

defensor intransigente de la soberanía argentina sobre Malvinas, a 220

kilómetros al norte de las islas avanza uno de los mayores proyectos de

apropiación de recursos naturales de toda la historia de la ocupación

británica: Sea Lion, un gigantesco yacimiento petrolero cuya explotación

está prevista para comenzar en marzo de 2028.


En diciembre de 2025 las compañías Navitas Petroleum,

de origen israelí, y Rockhopper Exploration, británica, tomaron

formalmente la Decisión Final de Inversión. Navitas controla el 65 % del

proyecto y Rockhopper el 35 %. Ya existe financiamiento, fueron

aprobadas las primeras etapas y el desarrollo está en marcha.


Las empresas proyectan perforar inicialmente 11 pozos

submarinos, seguidos por otros 12. La primera fase pretende recuperar

alrededor de 170 millones de barriles y alcanzar unos 50.000 barriles

diarios. El desarrollo completo estudiado por Rockhopper contempla

alrededor de 730 millones de barriles, mientras que la evaluación

independiente del yacimiento calcula recursos contingentes de hasta 917

millones de barriles. Reuters informa estimaciones todavía mayores para el

conjunto del campo, de alrededor de 1.700 millones de barriles.


Según la propia evaluación económica elaborada para Sea

Lion, la administración británica de las islas podría recibir alrededor de 3.600

millones de libras esterlinas entre 2027 y 2057, unos 109 millones de

libras anuales en promedio, sólo por impuestos corporativos y regalías

petroleras. En 2034 esos ingresos podrían llegar a 279 millones de libras en

un solo año. El esquema contempla una regalía del 9 % sobre los ingresos

petroleros y un impuesto corporativo que aporta el resto.


No se trata solamente de petróleo extraído que

es un recurso común de los argentinos. El petróleo financiará además al

propio aparato colonial instalado sobre ese territorio.


El petróleo es sólo parte del saqueo


Desde hace décadas el Reino Unido concede unilateralmente

licencias de pesca en las aguas circundantes a Malvinas. Argentina

históricamente consideró esas decisiones ilegítimas.

Las cifras de la propia administración isleña son

contundentes.


Su presupuesto para 2024/25 calculó ingresos por 36.140.392

libras esterlinas solamente por licencias pesqueras. En 2022/23 había

recibido más de 32,3 millones de libras por el mismo concepto.

Un estudio publicado por el Estado argentino documentó que

ya en 2020 se habían otorgado 222 licencias pesqueras a barcos de

distintas banderas —entre ellas España, Taiwán y Corea— generando unos 29,2

millones de libras en aquel año.


La dimensión del recurso queda todavía más clara al

compararlo con la economía pesquera argentina: en todo 2025 las exportaciones

pesqueras nacionales produjeron USD 2.010 millones, de los cuales el calamar

representó alrededor de USD 550 millones.

Gran Bretaña no sólo mantiene desde 1833 una ocupación

colonial del territorio: administra, licencia y monetiza recursos pesqueros

y ahora prepara una explotación petrolera capaz de modificar para siempre la

estructura económica y geopolítica del Atlántico Sur.


La violación de Gran Bretaña


La cuestión central suele quedar escondida detrás del

argumento británico de la “autodeterminación”.

La ONU reconoce que existe una disputa de soberanía entre

Argentina y el Reino Unido y, mediante la Resolución 2065 y resoluciones

posteriores, llama a ambos países a negociar. Además, la Resolución 31/49 insta

a las dos partes a abstenerse de adoptar decisiones unilaterales que modifiquen

la situación mientras continúe pendiente la controversia.


Argentina ha denunciado reiteradamente como actos

unilaterales: la concesión de licencias de pesca; la exploración y

explotación de hidrocarburos; la extensión de licencias petroleras; la

autorización ambiental de Sea Lion; el ingreso de capitales y proveedores para

desarrollar el yacimiento; y la militarización británica permanente del

Atlántico Sur.


El desarrollo de Sea Lion se realiza sin autorización

argentina y constituye una acción unilateral incompatible con la Resolución

31/49.

A esto se agrega la presencia militar británica del buque

militar HMS Medway, destacado en Malvinas, que involucró su tránsito por

el Mar Territorial argentino sin la notificación establecida por los acuerdos

bilaterales vigentes.

Ocupación territorial, explotación pesquera, avance

petrolero, presencia militar y negativa británica a reabrir la negociación de

soberanía planteada reiteradamente por las Naciones Unidas.


Mieli y su patriotismo de último momento


La cadena nacional de Milei del 3 de septiembre debe

analizarse no solamente por lo que dijo, sino por todo lo que hizo o no hizo

anteriormente.


Ahora Milei afirma que “las Malvinas son argentinas”,

desconoce la aplicación del principio de autodeterminación a la población

implantada y anuncia sanciones contra las empresas que intervengan en Sea Lion.

También prometió fortalecer la presencia naval argentina y endurecer el régimen

jurídico contra quienes exploten recursos sin autorización nacional.


Pero en enero de 2024 Milei calificaba de “excelente” y

“muy cordial” su encuentro con el entonces canciller británico David

Cameron. Destacaba las conversaciones para aumentar inversiones del Reino Unido, profundizar los vínculos comerciales y conseguir apoyo británico ante el FMI.

En septiembre de ese mismo año, su canciller Diana Mondino

firmó con el gobierno británico una agenda de “construcción de confianza” que

contemplaba cooperación pesquera y mejor conectividad entre las islas y el

continente, incluyendo la recuperación del vuelo São Paulo–Malvinas con

escala mensual en Córdoba.


El comunicado oficial británico decía explícitamente que esas medidas buscaban promover el “desarrollo humano y económico” y fortalecer los vínculos entre las islas y el continente. Al mismo tiempo Londres fortaleció su dispositivo militar,

siguió concediendo licencias pesqueras e impulsó que Sea Lion avanzara hasta la

decisión final de inversión.


El mismo Milei que hoy pretende presentarse como heredero de

la causa nacional ha reivindicado públicamente a Margaret Thatcher, la

primera ministra que condujo al Reino Unido durante la guerra de 1982.

Tampoco hay que olvidar que Javier Milei luego de su ascensión a la presidencia en una entrevista que concediera a la BBC afirmó que las Malvinas “No son argentinas y que nunca lo serán” y que había que resignarse tras la derrota en la guerra de 1982. Pero hay contradicciones aún mayores.


De la entrega abierta al discurso malvinero


No se puede reivindicar a Thatcher, buscar una relación

privilegiada con Londres, ofrecer cooperación y conectividad mientras la

potencia ocupante consolida sus intereses y después, cuando el petróleo está

próximo a salir y las necesidades electorales aprietan, descubrir de repente el

lenguaje de la soberanía.

Pero hay cuestiones significativas y relevantes que vale la

pena consignar:

El gobierno de Milei hace pocas semanas había llevado al

Congreso Nacional La “Ley de entrega de nuestro territorio”, con el título de “Ley

de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, que entregaba a Capitales extranjeros

el territorio nacional.

Esta administración envió las reservas de oro del Banco Central a Inglaterra, cabe señalar y preguntarse cómo aplicará sanciones económicas sin que Gran Bretaña decomise el oro argentino que el Gobierno entregó.

 Acordó un endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional que destruye el futuro de varias generaciones, entregando la soberanía en las decisiones económicas y políticas.

Recordemos que Kristalina Giorgieva se reunió a dar órdenes al gabinete de

ministros y fue a Vaca Muerta a marcar “SU” territorio.

Con la Ley Bases y el establecimiento del Régimen de

Incentivo para Grandes Inversiones ha otorgado a los proyectos de las Corporaciones Extranjeras que ingresen al régimen “certidumbre, seguridad jurídica y protección especial por 30 años” frente a eventuales incumplimientos del Estado. El régimen incluye expresamente a los sectores de petróleo y gas.


El gobierno de Milei blindó las inversiones de grandes capitales permitiendo el saqueo fronteras adentro, llevando de ser necesario sus controversias con el Estado a instancias arbitrales externas y favorables a las Empresas.

No puede hablar de soberanía un gobierno que utiliza las

armas del Estado contra su pueblo, contra los jubilados y jubiladas, las

personas con discapacidad, docentes, personal de salud etc. Ya que la soberanía no es del gobierno, la soberanía es del pueblo.


El relato del Gobierno las supuestas sanciones ¿y el RIGI?


Rockhopper y Navitas ya habían sido alcanzadas por medidas

argentinas antes de esta cadena nacional.

Argentina había declarado ilegales y clandestinas las

actividades de Navitas en 2022 y había aplicado la legislación que permite

inhabilitar compañías vinculadas a la exploración de hidrocarburos sin

autorización argentina. Cancillería registra entre las compañías ya

sancionadas o inhabilitadas a Rockhopper y Navitas, además de otras petroleras

que operaron en la zona. Reuters confirmó que ambas empresas ya estaban

descalificadas para operar en Argentina durante 20 años. Cuatro años antes de

Lo anunciado ahora por Milei.


Durante 2024 y 2025 el proyecto siguió avanzando. La decisión final de inversión fue anunciada en diciembre de 2025. Y hoy, ante la caída de su imagen electoral, el gobierno de Milei se monta curiosamente en la “Causa Malvinas”

La Administración Milei acaba de anunciar que ya existen 45

posibles sanciones contra individuos y empresas vinculados con emprendimientos petroleros en Malvinas, y presenta la medida como una demostración de firmeza frente al avance de Sea Lion. Pero ¿Què pasa con las empresas beneficiadas con el RIGI?


Del petróleo de Malvinas al RIGI: las conexiones empresariales


La relación entre el negocio petrolero desarrollado por empresas británicas e israelíes en aguas circundantes a las Islas Malvinas y algunas de las grandes inversiones promovidas actualmente en la Argentina a través del RIGI no siempre aparece a simple vista. Para encontrarla hay que seguir el recorrido de las empresas, sus fusiones y sus cambios de nombre.


El caso más significativo es el de Harbour Energy.


El yacimiento offshore Sea Lion, ubicado en la cuenca norte de Malvinas y considerado uno de los principales proyectos petroleros desarrollados en la zona disputada, fue impulsado inicialmente por la empresa británica Rock Hopper Exploration. Posteriormente, Rockhopper se asoció con Premier Oil, otra compañía británica, que pasó a tener una participación mayoritaria y a desempeñar un papel central en el desarrollo del proyecto.

Premier Oil invirtió durante años cientos de millones de dólares en Sea Lion. Es decir: no se trató de una empresa marginal ni de un simple inversor financiero. Fue uno de los actores centrales en el intento de transformar las reservas de petróleo de Malvinas en un negocio comercial.

La conexión con el presente aparece cuando se sigue la historia corporativa de Premier Oil.

En 2021, Premier Oil se fusionó con Chrysaor, dando origen a la actual Harbour Energy. De esta manera, los activos, negocios y antecedentes corporativos de Premier quedaron incorporados dentro de Harbour Energy. Por eso, aunque hoy el nombre Premier Oil ya no aparezca, existe una continuidad empresarial concreta entre aquella compañía que participó del desarrollo petrolero de Sea Lion y Harbour Energy.

Posteriormente, Harbour Energy se retiró del proyecto Sea

Lion y su posición fue transferida a Navitas Petroleum, empresa israelí

que actualmente encabeza el desarrollo del emprendimiento junto con Rockhopper.

Pero Harbour Energy no desapareció del mapa argentino. Por

el contrario, la compañía participa actualmente en el proyecto Southern

Energy, destinado a la exportación de gas natural licuado desde la

Argentina y vinculado al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, el

RIGI.


Aquí está la conexión central:


La empresa Harbour Energy, que participa de un proyecto

que busca obtener los beneficios extraordinarios del RIGI en la Argentina, es

la continuadora corporativa de Premier Oil, una de las principales empresas que desarrolló e invirtió en el proyecto petrolero Sea Lion en Malvinas.

La cadena empresarial puede resumirse así:

Rockhopper Exploration + Premier Oil

→ desarrollo del proyecto petrolero Sea Lion en Malvinas

→ Premier Oil se fusiona con Chrysaor

→ nace Harbour Energy

→ Harbour hereda la continuidad corporativa de Premier

→ Harbour participa actualmente en Southern Energy en Argentina

→ Southern Energy se encuentra vinculado al RIGI.

Mientras tanto, tras la salida de Harbour del proyecto Sea Lion, la participación pasó a manos de Navitas Petroleum, la empresa israelí que hoy, junto con Rockhopper, encabeza el desarrollo petrolero del yacimiento.

Por un lado, el Estado argentino sostiene formalmente su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y denuncia la explotación unilateral de recursos naturales en el área en disputa.

Por otro, el gobierno de Javier Milei impulsa un régimen de beneficios extraordinarios para grandes capitales —el RIGI— del que participa una empresa como Harbour Energy, heredera corporativa de Premier Oil, una de las compañías que durante años estuvo directamente involucrada en el desarrollo del proyecto petrolero Sea Lion.


La misma continuidad empresarial que une a Premier Oil con

Harbour Energy permite observar cómo empresas que participaron activamente del negocio petrolero de Malvinas continúan desarrollando grandes negocios en la

Argentina y accediendo a un escenario de incentivos y beneficios para las

inversiones.


La trama empresarial revela una complejidad que muchas veces queda oculta detrás de las fusiones, adquisiciones y cambios de nombre de las

grandes corporaciones petroleras.


Harbour Energy, hoy socia de Pan American Energy, YPF, Pampa Energía y Golar LNG en el proyecto Southern Energy vinculado al RIGI, participó originalmente con otro nombre Premier Oil en el emprendimiento petrolero de Sea Lion en aguas de Malvinas.

La conexión surge de su continuidad corporativa con Premier Oil, empresa británica que tuvo una participación central en el desarrollo de aquel proyecto de explotación de hidrocarburos realizados sin autorización de la Argentina.


Tras fusionarse Premier Oil con Chrysaor nació Harbour Energy, incorporando esa historia empresarial a una nueva estructura corporativa. La sucesión de fusiones y

transferencias de activos vuelve más compleja la identificación de

responsabilidades y vínculos: las empresas cambian de nombre, se reorganizan y

venden participaciones, pero las continuidades económicas y corporativas

permiten que una compañía que hoy busca desarrollar grandes negocios bajo el

paraguas del RIGI sea heredera de una empresa que participó activamente en el

proyecto petrolero considerado ilegítimo por la Argentina en Malvinas.


En este contexto, la relación entre el RIGI y el petróleo de Malvinas no debe buscarse únicamente en los nombres actuales de las empresas.

También debe seguirse el recorrido del capital: fusiones, adquisiciones,

transferencias de activos y continuidades corporativas que permiten que las

mismas estructuras empresariales cambien de nombre sin que desaparezca

necesariamente su historia económica.


El RIGI, saqueo como en Malvinas, pero fronteras adentro


¿Cómo se puede denunciar el saqueo de nuestros recursos en

Malvinas, cuando se impulsa lo mismo dentro del territorio nacional, se

construye un régimen destinado precisamente a otorgarles seguridad jurídica,

estabilidad y mecanismos privilegiados para defender el saqueo y sus intereses

frente al Estado?


La Ley Bases establece que el Régimen de Incentivo para

Grandes Inversiones otorga a los proyectos que ingresen al régimen

“certidumbre, seguridad jurídica y protección especial” frente a eventuales

incumplimientos o reclamos del Estado. El régimen incluye expresamente a los

sectores de petróleo y gas.


La reglamentación del RIGI establece mecanismos de arbitraje

para resolver las disputas entre el Estado y las empresas adheridas,

incluyendo controversias relacionadas con los derechos, beneficios e incentivos

otorgados por el régimen. También contempla indemnizaciones por daños, lucro

cesante y afectación de la ecuación económica-financiera de los proyectos.


Es decir, mientras Milei anuncia sanciones contra empresas

que explotan recursos argentinos sin autorización en Malvinas, su Gobierno

ofrece dentro del territorio nacional un marco jurídico diseñado para blindar

las inversiones de grandes capitales y permitirles el saqueo fronteras adentro,

llevando de ser necesario sus controversias con el Estado a instancias

arbitrales externas y favorables a las corporaciones.

¿Estamos frente a un verdadero cambio de política sobre

nuestros recursos naturales o frente a una operación discursiva en plena

coyuntura electoral?

¿Quién controla el petróleo, el gas, el litio, la pesca,

los minerales, el agua y toda la riqueza que produce nuestro territorio?


¿QUIÉN VA A DEFENDER NUESTROS RECURSOS?


La defensa de Malvinas y de nuestros recursos naturales no

puede quedar en manos de la burguesía nacional ni de sus representantes

políticos. No podemos esperar que quienes hacen negocios con las

multinacionales, quienes entregan nuestros recursos a cambio de inversiones y

quienes ponen al Estado al servicio de la rentabilidad privada sean quienes

enfrenten al capital imperialista.

La experiencia lo demuestra: cambian los discursos, cambian

las banderas y cambian las promesas electorales, pero cuando llega la hora de

decidir quién se queda con la riqueza, la burguesía termina defendiendo sus

propios intereses de clase.

La verdadera defensa de nuestros bienes comunes sólo puede

venir de abajo: de la clase trabajadora y del pueblo pobre organizados,

de quienes producen la riqueza y, sin embargo, son expulsados de sus

beneficios.

Petróleo, gas, minerales, pesca, agua, tierras, energía,

industria y transporte no pueden seguir funcionando como negocios privados

destinados a enriquecer a una minoría. El aparato productivo del país debe

estar al servicio de las necesidades de la sociedad y no de la ganancia de unos

pocos.

Sólo un pueblo trabajador organizado puede tomar medidas

verdaderamente radicales contra los intereses de los capitales multinacionales

que vienen a saquear nuestros territorios. Y eso significa discutir quién

controla la producción, quién decide qué se produce y para quién, qué hacemos

con nuestras riquezas y, fundamentalmente, como se distribuye el fruto de

nuestro trabajo.

Porque la soberanía no consiste solamente en cambiar una

bandera por otra.

Soberanía es que las riquezas de un país estén en manos

de quienes las producen y al servicio de quienes las necesitan.

Y esa pelea no la va a dar ningún gobierno y ningún ejército

de los empresarios.

La va a dar la clase trabajadora y el pueblo pobre,

organizados desde abajo.

Ver menos

 
 
 

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