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Ocho millones de manifestantes contra Trump, la Guerra y la Carestía. El embudo institucional

  • Foto del escritor: Omar Rombolá
    Omar Rombolá
  • hace 10 horas
  • 8 Min. de lectura

Las movilizaciones “No Kings” reunieron alrededor de ocho millones de personas en más de 3.300 acciones en todo EE.UU. Eso las convierte, según múltiples estimaciones, en la mayor protesta de un solo día en la historia del país.


Omar Rombolá para Karne de Máquina


Ocho millones de personas en las calles de Estados Unidos bajo la consigna “No Kings”, con rechazo explícito a la guerra contra Irán, no son un episodio más. Son un síntoma. Y como todo síntoma, dice más de la enfermedad que del hecho en sí.

La tentación inmediata, es leerlo como un fenómeno anti-Trump. Un reflejo frente a un liderazgo autoritario. Una anomalía que se corregiría en las urnas. Pero esa lectura, es profundamente insuficiente. Reduce lo que es una condensación de conflictos a una disputa de nombres propios. Es, en el fondo, una operación de traducción: convertir una crisis social en una alternativa electoral. Porque eso es lo que está en juego.



Protestas en los 50 estados, incluso en zonas conservadoras
Protestas en los 50 estados, incluso en zonas conservadoras

Protestas en los 50 estados, incluso en zonas conservadoras, participación de sectores diversos (jóvenes, sindicatos, cultura, etc.), la legitimidad del poder político está siendo discutida en la calle No es solo oposición electoral. Es un cuestionamiento profundo, pero aún con las insuficiencias de la impronta espontánea.

Es bueno recordar que esta movilización tiene como marco la crisis de hegemonía del imperialismo norteamericano, cuestionada seriamente por China y sus aliados y el desgaste del orden liberal clásico.


Economía de guerra y costo de vida (2026)

En Estados Unidos, el trasfondo económico del conflicto social es medible:

La Inflación se mantiene en torno al 3–4% anual, pero con presión creciente por energía y alimentos ante la escalada bélica en Medio Oriente.

La Nafta ronda los 3,5–4 dólares por galón, con tendencia al alza por tensiones internacionales, habiendo tenido un salto del 30% en pocas semanas.


El Presupuesto militar 2026: entre 900.000 y 960.000 millones de dólares, El Gasto acumulado en Ucrania (2022-2025): hasta 188.000 millones de dólares

A esto se suma la guerra en Medio Oriente, con eje en Irán, que ya impactó como decía en la suba de precios energéticos. Con un riesgo inflacionario y recesivo y una Mayor presión sobre deuda y déficit


La ecuación es directa: casi un billón de dólares en defensa mientras el costo de vida sigue tensionando ingresos. La protesta no emerge en el vacío: emerge de esa contradicción.


3.300 acciones en todo EE.UU
3.300 acciones en todo EE.UU

El salario medio ronda los 62.000 dólares anuales, unos 5.100 dólares mensuales, una cifra que en abstracto parece elevada. Sin embargo, ese número pierde consistencia cuando se lo cruza con el costo de vida. El alquiler promedio ya se ubica entre 1.600 y 2.000 dólares por mes, lo que implica que entre un 30% y un 40% del ingreso de un trabajador se destina únicamente a sostener un techo. En las grandes ciudades, ese porcentaje puede superar el 50%, configurando una verdadera transferencia de ingresos desde el trabajo hacia la renta inmobiliaria.


Este drenaje estructural se combina con una inflación persistente en los últimos años y con un endeudamiento creciente de los hogares, particularmente a través del crédito al consumo. El resultado es un patrón cada vez más extendido: se sostiene el nivel de vida no por mejora salarial, sino por financiamiento.


En ese marco, el mercado laboral aparece como un indicador engañoso. La desocupación se mantiene en torno al 4,4%, un nivel bajo en términos históricos. Pero esa cifra oculta más de lo que muestra. Si se incorporan los trabajadores subempleados, el desempleo ampliado trepa cerca del 8%. No hay despidos masivos, pero tampoco creación significativa de empleo: una dinámica de estancamiento.


A esto se suma el impacto de las tasas de interés elevadas, que encarecen el crédito, enfrían la inversión y limitan el acceso a la vivienda. El resultado es una economía que funciona con el freno puesto: consumo debilitado, movilidad laboral reducida y expectativas en retroceso.

Formalmente, Estados Unidos no está en recesión. Pero varios de sus componentes ya están presentes: enfriamiento del consumo, estancamiento del empleo y deterioro de las condiciones de vida. Más que una crisis abierta, lo que se configura es un estancamiento inestable, sostenido por el gasto estatal (particularmente el militar) y por la capacidad de endeudamiento de la población.


La consecuencia es una tensión creciente: una economía que no colapsa, pero que descarga sus contradicciones sobre la vida cotidiana de millones. Salarios que no alcanzan, alquileres que asfixian y una estabilidad estadística que convive con un malestar social cada vez más profundo.


La magnitud de la movilización no habla sola


La escala de la movilización es, por sí misma, un dato político duro. No se trata de una minoría intensa ni de un segmento ideologizado. Es transversal. Es masiva. Es, en términos estrictos, un fenómeno social.


Y cuando la protesta adquiere esa dimensión, deja de ser programática en sentido clásico. Se vuelve un espacio de convergencia donde conviven, el rechazo al autoritarismo, la oposición a la guerra, el malestar económico, la lucha contra el ataque fascista y expulsivo a los migrantes y la crisis de representación del sistema democrático.


Es transversal. Es masiva. Es, en términos estrictos, un fenómeno social.
Es transversal. Es masiva. Es, en términos estrictos, un fenómeno social.

No hay una sola demanda. Hay una acumulación. Y eso, lejos de ser una debilidad, es lo que le da potencia. Pero también es lo que la vuelve un territorio de disputa.

El reflejo del sistema: mantener el orden institucional

El sistema político norteamericano —y en esto no hay que subestimarlo— tiene una virtud histórica: sabe absorber.


Frente a la irrupción de la calle, activa un mecanismo casi automático. No reprime de inmediato a la movilización masiva ( si al finalizar como suelen hacer también en nuestro país), no niega completamente (aunque lo intente), sino que traduce. Reconfigura el sentido del conflicto para que encaje dentro de sus propios márgenes.


Ese mecanismo tiene tres vectores claros, los medios que reducen la complejidad a un relato digerible, “protesta contra Trump”, las dirigencias que legitiman la movilización, pero la orientan hacia el voto, la subjetividad social que internaliza la idea de que el cambio real ocurre en las urnas. Ahí aparece el embudo.

La movilización se expresa como sujeto colectivo. El sistema la reconfigura como suma de individuos electores.


El papel del Partido Demócrata

No hace falta caricaturizar para entender su función. El Partido Demócrata no es simplemente “oposición”. Es, estructuralmente, una de las vías principales de canalización del conflicto dentro del orden existente.

Su rol histórico ha sido ese, contener, encauzar, administrar.

No necesita negar la protesta. Le alcanza con darle un horizonte limitado, que es derrotar electoralmente a Trump.

Y ese es el punto exacto donde una movilización con gran potencia disruptiva puede volverse funcional. Porque la consigna pasa de cuestionar una lógica de poder a sustituir una figura dentro de esa misma lógica.


La guerra como punto de inflexión

El rechazo a la guerra contra Irán introduce un elemento que no es menor. En la historia estadounidense, cuando la protesta masiva incorpora el eje bélico, suele marcar momentos de inflexión real. Vietnam no fue solo una guerra. Fue una crisis interna. Irak tampoco fue solo una intervención externa. Fue un quiebre de legitimidad.

La pregunta es si esta vez ocurre algo similar.

Porque la guerra tiene una capacidad particular, conecta lo geopolítico con lo cotidiano. La inflación, la energía, la muerte lejana que deja de ser abstracta. Es un vector que puede profundizar la politización… o ser absorbido como un argumento más de campaña.


El límite: movilización no es organización

Hay un punto incómodo, para quienes guardan expectativas en la irrupción espontánea, pero del todo necesario, la masividad no resuelve nada por sí sola.

Ocho millones en la calle pueden ser el inicio de algo o el punto más alto de un proceso que se diluye. Depende de lo que venga después.

Sin formas de organización sostenida, sin articulación, sin programa, y lo que es más importante sin un avance en la subjetividad hacia una conciencia subversiva, la movilización corre el riesgo de convertirse en una descarga. Una catarsis colectiva que el sistema aprende a tolerar.

Y después, el ciclo conocido: indignación, movilización, desilusión, nueva indignación. No es un defecto moral. Es un mecanismo.

Sería un error leer esto como un proceso automático, hay tensiones claras: sectores institucionales vs. sectores más radicalizados, protesta pacífica vs. episodios de confrontación, canalización electoral vs. construcción de Poder Social

Habrá que seguir la discusión dentro del movimiento, si apunta apunta a formas más duraderas de acción (huelgas, boicots, organización territorial), o se diluye en una protesta ciudadana.


La disputa de fondo: subjetividad

En última instancia, la pregunta no es qué hace el sistema (eso, en gran medida, ya lo sabemos) sino qué tipo de sujeto emerge de este proceso.

¿Un ciudadano indignado que deposita su expectativa en el voto?¿O un actor colectivo que empieza a pensarse como fuerza social autónoma?

Porque el sistema no solo organiza instituciones. Organiza percepciones. Define los límites de lo posible. Y la mayor victoria de cualquier orden no es reprimir la protesta, sino lograr que quienes protestan no imaginen una salida por fuera de él.


Entre la absorción y la ruptura

Sería ingenuo negar la tendencia dominante hoy, la canalización electoral aparece como el destino más probable de este proceso. Pero también sería un error darla por cerrada.

La magnitud de la movilización, su carácter transversal, el componente anti-guerra, todo eso abre una fisura. No garantiza nada, pero habilita. La historia, incluso en el corazón del sistema, no está completamente escrita.

La pregunta es ¿Qué tipo de sujeto produce esta movilización?

¿un ciudadano indignado que vota? ¿o un actor colectivo que se organiza y disputa poder?  Ahí se juega todo y ahí está la disputa.


Epílogo incómodo

Tal vez el problema no sea que el sistema absorbe el conflicto. Tal vez el problema es que, hasta ahora, el conflicto no ha logrado construir una forma que no pueda ser absorbida. Y esa no es una crítica a quienes salen a la calle. Es, en todo caso, una constatación dura, sin organización, la historia se repite; la organización depende de un avance en la conciencia de la clase trabajadora y los sectores subalternos. Sólo con organización, se podría hablar de disputa.


Fuentes

Los datos utilizados provienen de organismos oficiales estadounidenses como el Bureau of Labor Statistics, la Reserva Federal y el Departamento de Energía, así como de plataformas privadas de seguimiento del mercado inmobiliario y bases de datos macroeconómicas internacionales.

Fuentes, economía de EEUU (2025–2026)

Salarios

U.S. Bureau of Labor Statistics (BLS)

“Usual Weekly Earnings”

Trading Economics

Salario promedio y por hora

Alquileres y vivienda

Tendencias de alquiler

RentCafe

Reportes mensuales de alquiler

U.S. Census Bureau

Datos estructurales de vivienda

Desempleo

U.S. Bureau of Labor Statistics

Tasa de desempleo (U-3)

Desempleo ampliado (U-6)

Trading Economics

Series históricas y comparativas

Inflación

U.S. Bureau of Labor Statistics

Índice de precios al consumidor (CPI)

Precio de la nafta

U.S. Energy Information Administration (EIA)

Precio promedio nacional de gasolina

AAA

Seguimiento diario de precios

Endeudamiento de los hogares

Federal Reserve

Household Debt and Credit Report

Tasas de interés / política monetaria

Federal Reserve

Federal Funds Rate

Actividad económica

National Bureau of Economic Research (NBER)

Determinación oficial de recesiones

U.S. Bureau of Economic Analysis (BEA)

Producto Bruto Interno (GDP)

Gasto militar

U.S. Department of Defense

Presupuesto militar

Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI)

Comparación global de gasto militar

 

 

 
 
 

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