¡El pueblo dijo basta! Los Ponchos Rojos y la COB cercan al régimen hambreador de Rodrigo Paz
- Omar Rombolá
- hace 22 horas
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Por Marcela Gutiérrez para Karne de Máquina
La paciencia de la clase trabajadora boliviana se agotó. Lo que los de arriba llaman "conflicto social" o "intransigencia", desde abajo lo nombramos con la verdad de los hechos: una insurrección popular y clasista contra un gobierno entreguista que pretende descargar la crisis económica sobre las espaldas de las familias obreras, campesinas y originarias. El pacto de unidad entre la histórica Central Obrera Boliviana (COB) y la milicia aymara de los Ponchos Rojos puso en jaque al Palacio Quemado. La consigna en las calles y en las carreteras es un grito unificado que retumba en todo el país: ¡Que renuncie el presidente Rodrigo Paz!
El bolsillo obrero no aguanta más: Las causas de la bronca
La chispa que encendió la pradera no es un capricho político; es el hambre y la prepotencia patronal del Ejecutivo. Los de arriba cocinaron un verdadero "paquetazo" antipopular. Primero, eliminaron los subsidios fiscales para favorecer a los grandes empresarios, dejándonos una gasolina contaminada que ya arruinó los motores de casi un millón de vehículos de trabajadores y transportistas que viven al día. A esto se suma el desabastecimiento criminal de dólares, que disparó los precios de la canasta básica familiar mientras los burócratas miran para otro lado.
Voces desde la trinchera: "La tierra no se vende ni se hipoteca"
Caminando con las abarcas gastadas y los pies ampollados tras casi un mes de marcha desde la Amazonía, el compañero Aixar Ortiz Moreno, dirigente campesino del Beni, sintetizó la firmeza de las bases frente a las puertas de la Vicepresidencia: "Cumpliremos el mandato de nuestras bases y no regresaremos hasta que el presidente Rodrigo Paz firme la anulación definitiva de esa norma patronal. La tierra es nuestra dignidad, no una mercancía para los bancos"
En los puntos de bloqueo de El Alto, el frío del altiplano se combate con fogatas e indignación clasista. Un comunario aymara, bajo el resguardo de su poncho rojo, disparaba con claridad contra la demagogia del Palacio Quemado: "Nos dicen que es una ley para darnos 'crédito voluntario'. ¡Mentira! Es la trampa para que los grandes terratenientes de Santa Cruz y los banqueros nos quiten el solar campesino que defendimos por generaciones. Prefieren ver el bosque quemado por la soja antes que al indio produciendo para su pueblo. Por eso no nos movemos de la carretera"
Para colmo de males, el régimen intentó meternos de contrabando la Ley 1720 junto a reformas hidrocarburíferas y mineras. ¿El objetivo? Entregar nuestros recursos estratégicos y abrirle la puerta de par en par a la privatización de las empresas estatales y los servicios públicos. Frente a este saqueo descarado, la respuesta de la vanguardia obrera y campesina fue la única posible: la acción directa y la movilización.
La Ley 1720 (denominada oficialmente “Ley de Reconversión de la Clasificación de la Pequeña Propiedad Titulada a Propiedad Mediana”) es el núcleo del estallido social en Bolivia. Fue promulgada por el presidente Rodrigo Paz el 10 de abril de 2026 y desató una ola de indignación que movilizó a comunidades originarias de todo el país, incluyendo una masiva marcha indígena desde Pando y Beni que caminó casi un mes hasta La Paz. [1, 2, 3, 4]
1. El engaño oficial (La trampa del "crédito fácil")
La fachada del gobierno: El Ejecutivo argumenta que la norma permite a los pequeños productores agrarios "convertir de forma voluntaria" sus pequeñas parcelas familiares en "medianas propiedades" ante el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Según el discurso oficial, esto sirve para que puedan usar sus tierras como garantía hipotecaria y acceder a créditos bancarios privados con tasas de interés más bajas.
La realidad clasista: En el capitalismo financiero, la tierra que se usa como garantía es tierra que el banco te puede quitar. Para las economías campesinas y comunitarias, forzar la bancarización de la tierra no es una ayuda, es ponerle una soga al cuello al pequeño productor que depende de ciclos climáticos y precios de mercado impuestos por los grandes monopolios. [1, 2, 5]
2. Violación del blindaje constitucional
El artículo 394: La Constitución Política del Estado de Bolivia protege explícitamente a la pequeña propiedad agraria declarándola indivisible, inembargable y exenta del pago de impuestos a la propiedad inmueble agraria. Es un patrimonio familiar inalienable.
La maniobra jurídica: La Ley 1720 inventa un mecanismo exprés para que el INRA cambie el estatus de la tierra en tan solo 10 días. Al pasar a ser clasificada como "mediana propiedad", la tierra pierde automáticamente su protección constitucional, volviéndose completamente embargable por la banca privada y sujeta a remates judiciales. [3, 5]
3. ¿A quién beneficia? El avance latifundista y el agronegocio
Los impulsores en las sombras: Las organizaciones de base denuncian que detrás de esta ley están los intereses de terratenientes del Oriente y empresarios del agronegocio. El objetivo real es habilitar la compra legalizada de parcelas individuales para la expansión de la frontera agrícola (soya, ganadería industrial) en zonas protegidas como el Chaco y la Chiquitanía.
Amenaza comunal: Aunque la ley formalmente excluye a las Tierras Comunitarias de Origen (TCO), en la práctica, miles de pequeñas propiedades agrícolas privadas colindan o se encuentran empotradas dentro de territorios indígenas de la Amazonía y el Altiplano. Permitir su reconversión rompe el tejido comunitario y abre el paso al latifundismo. [5, 6, 7, 8]
4. Estado de situación: El retroceso del régimen
Debido a la implacable presión de los bloqueos viales de los Ponchos Rojos y las marchas indígenas, el gobierno de Rodrigo Paz se vio obligado a retroceder. La Cámara de Diputados aprobó el proyecto para abrogar la Ley 1720 y el Senado también dio luz verde a la anulación de la norma. Sin embargo, la vanguardia movilizada se mantiene en las carreteras y plazas exigiendo la promulgación inmediata del decreto abrogatorio y rechazando cualquier intento de "maquillar" la ley bajo el amparo de los gremios agropecuarios patronales. [4, 9, 10, 11, 12, 13, 14]
El cerco a los explotadores: Las rutas son del pueblo
El mapa de Bolivia hoy está marcado por la dignidad de los que producen la riqueza. La Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) ya cuenta más de 30 puntos de bloqueo críticos, aislando por completo los bastiones de La Paz y Santa Cruz. Los empresarios y la derecha oligárquica lloran en los medios hegemónicos porque sus ganancias se derrumban, estimando pérdidas de entre 50 y 60 millones de dólares diarios. ¡Que lloren! Que sepan que sin la fuerza de trabajo, sus fábricas y sus mercancías no valen nada.
En la combativa ciudad de El Alto, el escenario es de pura resistencia clasista. En la avenida Juan Pablo II y en la zona de Río Seco, la juventud y los Ponchos Rojos de Omasuyos le plantaron cara a la represión estatal. Con piedras y organización comunal, las bases obligaron a las fuerzas represivas del orden a replegarse. La policía, acostumbrada a golpear al humilde, tuvo que retroceder ante la muralla humana de las mayorías explotadas.
Solidaridad de clase y profundización de la lucha
Mientras la Defensoría del Pueblo burguesa pide "corredores humanitarios" para limpiar la cara del gobierno, las bases tienen claro que la única salida es profundizar la medida de fuerza. El ala cocalera del Trópico de Cochabamba ya anunció que se suma orgánicamente a los bloqueos de los Ponchos Rojos. Ante los pedidos desesperados del empresariado para que intervengan los militares, la clase obrera responde con más unidad.
Desde Karne de Máquina nos plantamos firmes del lado correcto de la historia. Esta no es una pelea por migajas ni una negociación de pasillo entre dirigentes vendidos; es la lucha de los de abajo contra los de arriba. ¡Viva la unidad obrero-campesina! ¡Abajo el paquetazo privatizador de Rodrigo Paz! ¡A profundizar los bloqueos hasta la victoria!

Marcela Gutiérrez para Karne de Máquina
[14] https://erbol.com.bo
[15] https://www.fao.org


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