Argentina, la polarización y la conflictividad social Avanza o La clase trabajadora patagónica pone en cuestión el 2027
- Omar Rombolá
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Por Omar Rombolá para Karne de Máquina
4 de mayo de 2026

Las mayorías populares empiezan a advertir que, mientras se exige ajuste, sacrificio y resignación al pueblo trabajador, se acumulan denuncias de corrupción que golpean al corazón del gobierno y sectores de la clase capitalista atraviesan una orgía de ganancias.
En ese marco —y con una polarización impulsada por el propio gobierno a fuerza de ajuste, destrato y represión— se observa una radicalización de los métodos de lucha: emergen sectores autoconvocados y se reacomodan las estructuras sindicales, sobre todo en el sur del país dónde la lucha de clases pone signos de pregunta sobre la salida política.
Como subproducto de esta situación, crecen las simpatías y preferencias electorales hacia la izquierda, en particular hacia Myriam Bregman, diputada nacional del PTS en el FITU. Esta tendencia se vincula con la actitud abiertamente colaboracionista de amplios sectores del peronismo frente al gobierno de Javier Milei.
Los Beneficios de pertenecer…a la Casta

El primer ministro Manuel Adorni aparece envuelto en cuestionamientos por enriquecimiento ilícito y “Dádiva”.
A esto se suman otros episodios, como el escándalo del “3% de Karina Milei” —vinculado al caso ANDIS—, relacionado con un presunto acuerdo de sobreprecios entre ese organismo y laboratorio, como La Suizo Argentina.
El ingreso de valijas desde Estados Unidos sin control aduanero o las denuncias de sobreprecios en lentes intraoculares en el PAM, Kueider tras votar leyes impulsadas por el gobierno, fue detenido con US$ 200.000 US ingresando al Paraguay. La Causa Libra. El saqueo de los funcionarios del gobierno al Banco Nación “Vía Créditos” etc.
La renta extractiva y el RIGI, ganancias extraordinarias, costos Sociales

Mientras se desata la corrupción más desvergonzada y a cielo abierto, y las familias trabajadoras están sufriendo un verdadero calvario de despidos, destrucción de la salud y la educación pública, baja salarial, aumento de precios de alimentos y servicios, hay algunos sectores del poder económico que se pueden definir como los ganadores en este siniestro plan. Uno de ellos es el sector extractivista. Vamos a desarrollar en esta nota algunas cuestiones al respecto.
El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), impulsado por el gobierno de Javier Milei, funciona como herramienta clave en ese esquema. Bajo el argumento de “atraer inversiones”, el régimen otorga beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios por hasta 30 años: reducción o eliminación de retenciones, estabilidad impositiva, libre disponibilidad de divisas y facilidades para girar utilidades al exterior. En términos concretos, se trata de garantizar condiciones extraordinarias para el capital, incluso por encima de la legislación vigente para el resto de la economía.
Sectores como la minería de litio y el petróleo no convencional aparecen entre los principales beneficiarios. En el caso del litio —con proyectos concentrados en el NOA— los costos de producción se ubican entre los más bajos a nivel global, mientras que los precios internacionales han permitido márgenes de rentabilidad muy elevados en los últimos años.
Las regalías provinciales están topeadas en torno al 3% del valor en boca de mina, a lo que se suman esquemas de deducciones que reducen aún más la captación efectiva.
En el sector energético, particularmente en Vaca Muerta, la dinámica es similar. Datos de la Secretaría de Energía muestran incrementos sostenidos en la producción y exportación de hidrocarburos, con empresas que logran acceder a precios internacionales y beneficios regulatorios.
Al mismo tiempo, la reducción de subsidios y la liberalización de tarifas trasladan costos al mercado interno, generando una doble vía de rentabilidad: ingresos en dólares por exportación y recomposición de precios locales.
El RIGI profundiza esta lógica al consolidar un modelo donde los “bienes comunes” —territorio, agua, recursos naturales— son puestos al servicio de la acumulación privada con escasa capacidad de control estatal. La posibilidad de girar utilidades sin restricciones y de operar bajo marcos impositivos estables durante décadas limita cualquier intento futuro de cambiar bases contractuales.
Las economías regionales donde se desarrollan estos proyectos suelen mostrar escasa generación de empleo directo en relación con el volumen de inversión.
Al mismo tiempo, se multiplican los conflictos socioambientales vinculados al uso intensivo de agua, la contaminación y la ocupación del territorio.
Mientras se ajusta sobre salarios, jubilaciones y gasto social, se habilita un esquema donde sectores altamente rentables operan con beneficios excepcionales.
Cuanto se llevan en millones de dólares
En minería, Argentina exportó en 2025 alrededor de US$ 6.037 millones, un récord histórico para el sector. Solo el litio explicó cerca de US$ 905 millones, mientras que el oro aportó más de US$ 4.000 millones. En 2026 la tendencia sigue en alza: solo en el primer trimestre ya se exportaron más de US$ 2.400 millones, lo que proyecta un nuevo récord anual cercano a US$ 7.500 millones.
En energía —fundamentalmente petróleo y gas de Vaca Muerta— los números son aún mayores. En 2025 las exportaciones energéticas alcanzaron unos US$ 11.086 millones, con el petróleo explicando la mayor parte de ese ingreso. Ese mismo año el superávit energético fue de aproximadamente US$ 7.800 millones, y para 2026 se proyecta que suba a entre US$ 8.500 y 10.000 millones.
Si sumas minería + energía, estás hablando de un flujo actual de entre US$ 17.000 y 20.000 millones anuales, con proyecciones oficiales que apuntan a multiplicarlo fuertemente en los próximos años (hasta US$ 60.000 millones combinados en escenarios de expansión).
Ahora bien, el punto clave —y acá está el núcleo político de lo que estás escribiendo— no es solo cuánto entra, sino cuánto queda en el país y cuánto se apropia el capital.
Hoy el extractivismo genera entre 17.000 y 20.000 millones de dólares anuales en Argentina, pero el Estado capta una porción mínima —en algunos casos apenas un 3%— mientras las grandes corporaciones concentran la mayor parte de la renta y la fugan al exterior.
Lo que golpea en las cabezas.
La contradicción es obscena. Ajuste para las mayorías, negocios para una minoría. Disciplina para los de abajo, impunidad para los de arriba.
Todo esto ocurre en un contexto nacional atravesado por la caída del salario real, el avance de despidos y una reforma laboral que, bajo el discurso de la “modernización”, apunta a desarticular derechos históricos de la clase trabajadora. La ofensiva es estructural. Y encuentra un terreno fértil en los acuerdos con lo más rancio de las cúpulas de las Centrales sindicales.
Pero lo que empieza a emerger es un proceso de radicalización desde las bases. Los autoconvocados son la respuesta a la crisis de representación. Cuando las conducciones negocian a la baja o administran la derrota, las bases empiezan a organizarse por fuera, a construir legitimidad en la acción directa.
Esto abre un escenario de creciente polarización social. De un lado, un bloque de poder que profundiza el ajuste, ahora además corroído por denuncias de corrupción que socavan su autoridad moral. Del otro, una clase trabajadora que, fragmentada, pero en movimiento, comienza a ensayar formas de unidad en la lucha concreta.
No hay síntesis todavía. Hay tensión. Hay conflicto. Hay, sobre todo, una pregunta abierta: si esa energía que hoy irrumpe en las calles logrará transformarse en una alternativa política propia, sin intermediarios.
Por ahora, lo que hay es esto: ollas populares frente a edificios públicos, cacerolas en la noche patagónica, marchas en el norte, escraches, paros, vigilias. Hay cuerpos organizándose para no ser descartados.
Y desde la Patagonia Rebelde se levanta un fantasma para la clase dominante, el de la rebelión popular,
La emergencia del FRESU
El surgimiento del FRESU aparece como un fenómeno relevante en el actual escenario sindical. Se trata de un espacio que nuclea gremios del ámbito privado y estatal —con presencia de organizaciones como ATE, la UOM, Aceiteros, el SUPA, el SOMU, SICONARA y sectores docentes— y que empieza a configurar un polo de articulación.
Su emergencia no puede desligarse de un proceso más profundo: la desconfianza acumulada de amplios sectores de trabajadores hacia las conducciones sindicales tradicionales, forjada durante años de concesiones, traiciones, retrocesos y distanciamiento respecto de las bases.
Sin embargo, el fenómeno FRESU no se agota en esa crisis de representación. Lo que comienza a insinuarse —particularmente en los plenarios— es algo más significativo: el entrecruzamiento de bases de distintos sectores, la deliberación colectiva en comisiones y la posibilidad potencial de que las bases recuperen un rol activo en la definición de estrategias de lucha.
En ese proceso, más allá de las limitaciones o intenciones de algunas dirigencias, empiezan a reaparecer prácticas que remiten a una tradición de organización desde abajo: el método asambleario, la coordinación intersectorial y formas concretas de solidaridad de clase que, de consolidarse, podrían reconfigurar el mapa sindical en los próximos meses, más allá de las intenciones de algunos dirigentes.
¿Qué sucede en los socavones del pueblo trabajador?

Desde la Patagonia profunda hasta el norte golpeado por el ajuste, la conflictividad social es un entramado que crece, se conecta y empieza a desbordar a las estructuras tradicionales de representación.
En Trevelin, docentes autoconvocados se declaran en estado de alerta ante la posible llegada del gobernador Ignacio Torres. Para el 5 de mayo se proyecta un paro total; para el 6, una vigilia. Son decisiones votadas en asambleas, en escuelas y en el territorio.
En Gualjaina, la lucha docente también prende. Allí, como en tantos rincones olvidados del mapa, la precarización ya no es una estadística: es una forma de vida. Que el conflicto llegue hasta esos márgenes habla de una masividad que incomoda al poder político provincial, incapaz de contener una rebelión que no responde a las lógicas de negociación tradicionales.
El miércoles 6, en el marco de la paritaria, se convoca a una olla popular frente al edificio de Vialidad en Trelew. La escena es clara: discutir salarios con una olla en la vereda. La acción directa frente a la sordera institucional. “Unidad en el reclamo, unidad en la lucha”, dicen. Pero esa unidad se construye en la calle, entre docentes, estatales, trabajadores de la salud y jubilados.
En paralelo, las movilizaciones crecen en toda la provincia. En Comodoro Rivadavia, docentes autoconvocados junto a la Regional Sur de ATECH pararon, se concentraron con olla popular y marcharon. En Lago Puelo, la alianza entre educación y salud vuelve a aparecer como un dato político central: la crisis ya no reconoce compartimentos sectoriales.
Incluso en Rawson, donde el gobierno intenta encauzar el conflicto mediante la conciliación obligatoria, la represión no logró desactivar la protesta. Al contrario: la multiplicó. En Trelew y Rawson hubo nuevas movilizaciones esa misma tarde, mientras se preparan acciones más masivas.
En Neuquén, docentes autoconvocados protagonizan cacerolazos y movilizaciones, acompañados por jubilados que denuncian el desguace de sus derechos.
En Salta, la protesta articula docentes, estudiantes, jubilados y trabajadores contra el recorte en el transporte público. El fin del trasbordo gratuito y las restricciones al boleto estudiantil no son medidas técnicas: son decisiones que expulsan. Que obligan a elegir entre comer o viajar, entre estudiar o abandonar.
Mientras tanto, en el conurbano industrial, los trabajadores de FATE mantienen la ocupación de la planta y denuncian ingresos irregulares de personal jerárquico con custodia policial y escribanos. Ese dispositivo patronal fue desmontado por los trabajadores, que se plantaron.
Y en la Ciudad de Buenos Aires, empleados de la sanidad enfrentan a empresas como Medicus, en una postal que conecta con el mismo hilo: salarios deteriorados, condiciones precarizadas y un sistema que descarga la crisis sobre quienes sostienen la vida.
A modo de Conclusiones
La polarización social es la forma concreta que adopta una sociedad atravesada por una monumental transferencia de riquezas desde el pueblo a los sectores más concentrados del poder.
En ese escenario, las distintas expresiones electorales —incluidas aquellas que recogen el descontento, como las que referencia Myriam Bregman— aparecen como parte de una búsqueda más amplia de sectores que intentan encontrar una salida. No se trata de descalificar o minimizar esa expresión, sino de comprender sus límites frente a un proceso que desborda lo estrictamente electoral e institucional.
Porque lo que se verifica en el territorio —en las huelgas, en las ollas populares, en las asambleas, en la coordinación entre sectores— es que la dinámica más profunda no pasa hoy por las urnas sino por la lucha concreta. Y la Rebelión Patagónica pone en cuestión que la clase dominante llegue con tranquilidad a un nuevo recambio de su personal político en 2027.
La emergencia de sectores autoconvocados, el desarrollo de espacios deliberativos dentro del FRESU y la reaparición de métodos asamblearios en el conflicto actual, no son fenómenos aislados ni meramente defensivos. Son, en forma embrionaria, indicios de un proceso donde amplios sectores comienzan a ensayar formas de autoorganización que cuestionan no solo las políticas de ajuste, sino sus raíces de las mismas.
Lo que empieza a insinuarse —con todas sus contradicciones— es la posibilidad de reconstruir un sujeto colectivo que intervenga sobre su propio destino, sin intermediarios.
Si la crisis actual expone los límites de un modelo basado en la explotación, la concentración de la riqueza y la subordinación de las mayorías, entonces la salida no puede ser simplemente administrar mejor ese mismo esquema.
La tarea que se abre —compleja, desigual, llena de tensiones— es la de fortalecer la organización desde abajo, profundizar la solidaridad de clase y avanzar en la construcción de una sociedad donde la producción y la riqueza estén al servicio de quienes la generan con sus manos.
Esta sociedad, este mundo, empieza ya, en cada asamblea, en cada conflicto, en cada gesto de unidad que rompe el aislamiento. Ahí, en esos socavones donde la bronca se organiza, también empieza a tomar forma otra posibilidad histórica.


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