Hegemonía, Genocidio y Transición del Orden Global
- Omar Rombolá
- 16 mar
- 15 Min. de lectura
Omar Rombolá Para Karne de Máquina
Palabras previas: este texto no persigue, ni tiene la pretensión de ser un manifiesto político, sino más bien aproximar una serie de reflexiones acerca de la actual situación mundial de disputa de la Hegemonía, intentando demostrar con algunos datos las bases materiales por las que corre el presente conflicto, y una serie de intuiciones sobre la situación y el papel de la clase trabajadora en este contexto. Se intenta en este artículo, con todas las dificultades del caso, encontrar algunas de las claves por las que el Imperialismo norteamericano y sus socios se han lanzado, o han intensificado, esta ofensiva guerrerista.

La Crisis del 2008 y la disputa por la Hegemonía
La llamada crisis financiera global de 2007-2008 estalló cuando colapsó la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos y los activos financieros basados en hipotecas de alto riesgo (subprime). Ese proceso tuvo su punto simbólico en la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008, la mayor bancarrota de la historia de Estados Unidos.
El sistema financiero global estuvo al borde del colapso y el gobierno norteamericano tuvo que rescatar bancos con un plan de 700.000 millones de dólares, algo sin precedentes en la historia del capitalismo estadounidense.
La crisis financiera de 2008 no fue solo expresión de la bancarrota bancaria.Fue el momento en que comenzó a hacerse visible la transición del orden mundial: el declive relativo de la hegemonía de Estados Unidos y el ascenso económico de China.

Tres consecuencias estratégicas:
El debilitamiento del sistema financiero occidental, un aumento brutal de la deuda pública estadounidense y se puso en cuestión la legitimidad del modelo de acumulación norteamericano.
La crisis marcó el inicio del declive relativo de EE. UU como imperialismo Hegemónico y la emergencia de China como competidor.
Hasta los años 90, tras la caída de la URSS, Estados Unidos parecía una potencia sin rival. 2008 demostró una fisura estructural, la financiarización extrema del capitalismo norteamericano. Mientras Estados Unidos se apoyaba cada vez más en finanzas y deuda, China expandía su base industrial y productiva. La imposibilidad del imperialismo norteamericano de valorizar el capital devenido de una gran burbuja especulativa.
El Salvataje sobre la Banca, del Estado Yanki y también por parte de Fondos de Inversión chinos
El salvataje central vino del gobierno estadounidense a través del programa TARP (700.000 millones de dólares), creado después del colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008. Ese plan permitió recapitalizar bancos como: Bank of America, Citigroup, Goldman Sachs y Morgan Stanley. Sin ese rescate estatal el sistema financiero probablemente habría colapsado.
Fondos soberanos chinos y empresas estatales de ese país, inyectaron miles de millones de dólares en bancos occidentales debilitados. El caso más conocido fue: en 2007 el fondo China Investment Corporation invirtió 5.000 millones de dólares en Morgan Stanley para estabilizarlo. El fondo estatal chino SAFE compró activos financieros occidentales.
Bancos chinos adquirieron participaciones en entidades financieras globales. Capital asiático (China, Singapur, Medio Oriente) entró a recapitalizar bancos. Es decir: capital del Sur global ayudó a sostener bancos del Norte en crisis.

China comprando deuda de EE.UU
Hay otro punto todavía más importante. Mientras el sistema financiero norteamericano se tambaleaba, China siguió comprando bonos del Tesoro de Estados Unidos, financiando indirectamente al Estado estadounidense. Esta crisis y la emergencia china en el marco de la misma desnudó una disputa por la hegemonía que comenzaba a gestarse, por debajo de nuestros pies.
Un Nuevo Orden Mundial
El orden mundial heredado de los acuerdos de Yalta y Potsdam en la Segunda Postguerra estalló en los años 89/91, tras la caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, el ordenamiento Unipolar que se levantaba bajo la entusiasta premisa que auguraba “El Fin de La Historia y de la ideologías”, hoy se resquebraja. La disputa entre Estados Unidos y el bloque que articulan China, Rusia e Irán ha escalado a la forma más pura de la política, La Guerra.
Las transiciones de poder global son históricamente violentas. La potencia dominante intenta conservar su posición de privilegio, mientras la potencia ascendente todavía no puede garantizar un nuevo orden estable. El ritmo vertiginoso de los hechos, hacen que los analistas descubran, cada semana un nuevo punto de inflexión.
Es interesante recordar como la Guerra Comercial de Trump contra China, (2018-2019 y luego también en 2025), la disputa por el aumento de los aranceles a las importaciones, que perseguía construir un escudo contra el mar de mercancías Orientales a bajo precio, infringieron e infringen más daño a EE. UU. que una lluvia de misiles, ya no alcanza la suba de impuestos, ni las sanciones comerciales.
Algunos plantearon que esto auguraba el Fin de la Globalización, es decir un proceso de cierre de las Economías, contrario a la Ola de expansión Capitalista, iniciada en los 70, de exportación de bienes y servicios, pero sobre todo de Capitales.
La súper expansión de China estaría poniendo en cuestión esa hipótesis, abriendo por el contrario un escenario de guerra abierta por el mercado mundial, que mixtura la acción político-militar con la económica. Se cumple así de manera inexorable la vigencia de dos axiomas, el primero que “la política es economía concentrada” y el otro “Que la Guerra es la extensión de la política por otros medios”. Al mismo tiempo, Gramsci decía que cuando lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no acaba de morir es cuando aparecen “Los Monstruos”. Y los monstruos y las monstruosidades aparecieron.
La Doctrina Monroe
En América Latina la vigencia de la Doctrina Monroe reaparece con la ofensiva de Estados Unidos sobre Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, reafirmando el mensaje histórico: el continente sigue bajo vigilancia estratégica de Washington. Sin embargo, el escenario regional cambió. China se convirtió en socio comercial central de varias economías latinoamericanas, erosionando el antiguo monopolio estadounidense de influencia.
Por eso la rápida acción de Washington busca: sostener el control sobre el petróleo venezolano, forzando la modificación de la Ley de Hidrocarburos, y al mismo tiempo, restringir el abastecimiento energético de China.
También la mira se ha puesto sobre Cuba intensificando el bloqueo a un punto que se ha tornado asfixiante, el estrangulamiento genocida sobre la isla, que impide por ejemplo que se puedan realizar operaciones por falta de energía, persigue forzar un cambio de régimen y la imposición de un gobierno títere.
Gaza, laboratorio del nuevo orden
Desde el 7 de octubre de 2023, la ofensiva de Israel contra la Franja de Gaza tras el ataque de Hamas derivó en una campaña de destrucción masiva sobre la población palestina. Diversos organismos internacionales y juristas han señalado que las operaciones presentan características genocidas, con ciudades devastadas, desplazamiento masivo y bloqueo humanitario. Estados Unidos brindó respaldo diplomático y militar a Israel, lo que evidenció una ruptura creciente de los límites del derecho internacional y mostró a Gaza como una demostración estratégica de poder.

Para septiembre de 2025 habría 20.000 niños y niñas muertos y 30.000 heridos en 23 meses de ataque genocida de Israel contra la población civil, más de uno cada hora.
La revista médica ‘The Lancet’ concluye que Israel mató a 75.200 palestinos en 16 meses de ataques y a otros 8.540 de manera indirecta, nota del periódico El País de España.

De Gaza a Teherán y el Líbano
La guerra debilitó al llamado eje de resistencia ligado a Irán. En ese contexto, los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní en 2026 ampliaron el conflicto regional. La muerte del líder supremo iraní buscó forzar un cambio de régimen, pero Irán respondió atacando bases estadounidenses y territorio israelí, transformando el enfrentamiento en una guerra directa. El Plan “Venezuela” no es aplicable en los territorios persas.
El cierre del estrecho de Ormuz en marzo de 2026, impulsado por tensiones entre Irán, EE. UU. e Israel, ha paralizado el transporte de cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado mundial, elevando el barril por encima de los 100 dólares. La crisis provoca escasez de energía, interrumpe el suministro de fertilizantes y amenaza con un shock económico global.
El Ejército de Israel ha anunciado este lunes el inicio de nuevas operaciones terrestres limitadas dirigidas contra Hezbolá en el sur del Líbano. Estas acciones se enmarcan dentro de una intensificación de la campaña militar israelí en territorio libanés.
Ucrania: guerra por desgaste
La guerra en Ucrania constituye otro frente de la transición hegemónica. La expansión de la OTAN hacia el este, la invasión ordenada por Vladimir Putin y el apoyo militar de Estados Unidos a Zelenski configuraron una guerra de desgaste estratégico: Rusia sostiene la invasión apoyada en su relación con China, Europa se militariza y asume altos costos energéticos, mientras Washington prolonga el conflicto sin involucrarse directamente.
¿Pero cuales son las motivaciones centrales del actual conflicto global?
La Bases materiales para la actual fractura del orden
El núcleo estructural del conflicto sigue siendo económico.
China se consolidó como principal socio comercial de Irán y como comprador central de su petróleo sancionado. Pekín no necesita una guerra; necesita estabilidad para sostener rutas comerciales, energía barata y expansión tecnológica.
Estados Unidos, por el contrario, intenta mantener supremacía financiera y militar en un contexto de declive relativo industrial. La guerra comercial de aranceles contra China fue el reconocimiento explícito de que el libre mercado dejó de favorecerlo automáticamente.
La transición hegemónica: el ascenso de China y la reacción guerrerista de Estados Unidos
Durante gran parte del siglo XX el orden mundial estuvo estructurado alrededor de la hegemonía económica, financiera y militar de Estados Unidos. Sin embargo, desde finales del siglo XX se observa una transformación profunda del sistema económico global impulsada por el ascenso de China. Sobre todo, esto se evidenció, como ya he planteado en la crisis de 2008. Los datos comparativos muestran con claridad este desplazamiento relativo del centro económico mundial.
Dos economías en pugna
En términos de PIB nominal, Estados Unidos sigue siendo la economía más grande del mundo con aproximadamente 30,5 billones de dólares, mientras China alcanza alrededor de 19,2 billones.
Sin embargo, cuando se mide el PIB en paridad de poder adquisitivo (PPP) —que refleja la producción real de bienes y servicios— China ya supera a Estados Unidos con más de 40 billones de dólares, frente a unos 30 billones estadounidenses.
Estos datos provienen del Fondo Monetario Internacional en su informe World Economic Outlook 2024 y del Banco Mundial.
En cuanto a crecimiento económico, la economía estadounidense crece en torno al 2–3 % anual, mientras la china lo hace aproximadamente entre 4 y 5 %, según estimaciones del FMI.

Diferencias demográficas y de riqueza
La diferencia en población es determinante para comprender la escala productiva china.
Estados Unidos posee aproximadamente 347 millones de habitantes, mientras China supera los 1.416 millones. Esto implica que China concentra cerca del 17 % de la población mundial, frente a apenas 4 % de Estados Unidos.
Las cifras provienen de las bases de datos demográficas de la Organización de las Naciones Unidas (UN Population Division).
En términos de riqueza individual, sin embargo, la brecha sigue siendo enorme. El PIB per cápita estadounidense ronda los 89.600 dólares, mientras el chino se ubica cerca de 13.800 dólares, según estadísticas del Banco Mundial.
La supremacía industrial china
El cambio estructural más importante se produjo en la producción industrial.
China se convirtió en la mayor potencia manufacturera del mundo, produciendo aproximadamente 28–30 % de la manufactura global, mientras Estados Unidos produce alrededor de 16–17 %. En términos absolutos, la producción manufacturera china alcanza aproximadamente 4,8–5 billones de dólares, mientras la estadounidense oscila entre 2,3 y 2,9 billones. Estos datos provienen de informes de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO).
La diferencia también se observa en el empleo industrial: China posee cerca de 120 millones de trabajadores industriales, frente a unos 13 millones en Estados Unidos.
China produce además más del 50 % del acero mundial, según datos de la World Steel Association.
Comercio global
El liderazgo industrial chino se refleja en el comercio mundial. China es actualmente el mayor exportador de bienes del planeta, con exportaciones cercanas a 3,5 billones de dólares, mientras Estados Unidos exporta aproximadamente 2,1 billones. Estos datos provienen de la base estadística de la Organización Mundial del Comercio.
En términos de comercio total, China alcanza aproximadamente 6,2 billones de dólares, mientras Estados Unidos ronda 5,3 billones.
Innovación tecnológica
Estados Unidos conserva todavía una ventaja en innovación tecnológica. El gasto estadounidense en investigación y desarrollo supera los 900 mil millones de dólares anuales, mientras China invierte entre 600 y 700 mil millones, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Sin embargo, China ya lidera el número anual de patentes internacionales registradas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO).
La supremacía militar estadounidense
En el terreno militar la diferencia sigue siendo considerable. Estados Unidos destina aproximadamente 880 mil millones de dólares anuales a defensa, mientras China gasta alrededor de 300 mil millones. Estas cifras provienen del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
Estados Unidos mantiene además cerca de 750 bases militares en el exterior, lo que le permite proyectar poder militar global.
El desplazamiento del centro económico mundial
La evolución histórica del PIB muestra la velocidad del ascenso chino.
Año | PIB China | PIB EEUU |
1990 | 360 mil millones | 5,9 billones |
2000 | 1,2 billones | 10 billones |
2010 | 6 billones | 15 billones |
2024 | 19 billones | 30 billones |
El cuadro muestra como de 2010 a 2024 EEUU duplicó su PBI, mientras China lo triplicó, es un dato importante para ponderar la velocidad de crecimiento del Gigante asiático.
Las series históricas provienen del FMI y del Banco Mundial. En apenas tres décadas China pasó de ser una economía periférica a convertirse en el principal competidor estructural de Estados Unidos.
Energía y geopolítica
El crecimiento industrial chino tiene una condición material fundamental: el acceso a energía. China es hoy el mayor consumidor energético del planeta, con aproximadamente 27 % del consumo mundial, mientras Estados Unidos ronda 15 %, según datos de la **Agencia Internacional de Energía. Este dato explica la centralidad geopolítica de regiones productoras de petróleo y gas.
Una transición hegemónica en curso
El panorama global muestra así una configuración particular. Estados Unidos mantiene tres pilares fundamentales de poder: hegemonía financiera basada en el dólar, liderazgo tecnológico y supremacía militar global
China, por su parte, concentra cada vez más: capacidad industrial, comercio global y peso económico real en la producción mundial. La disputa entre ambas potencias expresa una transición hegemónica dentro del sistema Capitalista internacional.
¿Y La clase trabajadora?
Cuando una potencia declina y otra asciende, lo que se reorganiza no es solo el mapa, sino las cadenas globales de valor, la localización de la producción y también las condiciones de explotación para el proletariado.
Los cambios estructurales en EE. UU.
En el declive estadounidense, la financiarización y la desindustrialización dejaron zonas enteras devastadas. El “Rust Belt” no es una metáfora: es la expresión territorial de una hegemonía agotada. Principalmente en el noreste y medio oeste industrial de Estados Unidos, incluyendo estados como: Michigan, Ohio, Pennsylvania, Indiana, Illinois
Ciudades emblemáticas del proceso: Detroit (automotriz), Cleveland (acero e industria pesada) y Pittsburgh (siderurgia) Durante gran parte del siglo XX, esta región fue el corazón industrial del capitalismo estadounidense: acero, automóviles, maquinaria pesada y química industrial. Pero, a partir de los años 70 ocurrió: traslado de fábricas a Asia y México, automatización industrial y la crisis del modelo industrial estadounidense, con un proceso de desempleo masivo, ciudades empobrecidas, caída demográfica y crisis social.
En tanto, el ascenso chino se construyó sobre una gigantesca movilización de fuerza de trabajo industrial disciplinada, planificada y subordinada a un proyecto estatal de acumulación. Hoy China ya no es solo fábrica barata: compite en alta tecnología, infraestructura global y moneda.
El Capitalismo de Estado chino supo reconvertirse, hoy es una potencia capitalista en expansión, con fuerte injerencia Estatal.
¿Y qué pasa con los trabajadores en este choque?
Escenario posible
“La Guerra Comercial Prolongada” es la perspectiva, mayor proteccionismo, relocalización industrial parcial, subsidios estatales. Esto ha de provocar la fragmentación del comercio mundial, mayor intervención estatal, y una intensificación de los Nacionalismos y de la Violencia. Pero en el marco de la exacerbación de la expansión global capitalista y de la concentración de la riqueza.
Venezuela, Cuba, Ucrania, Oriente Medio, el Mar de China. El gasto militar crece.La transición hegemónica históricamente se resolvió con guerra abierta, ¿Vamos a una Nueva Conflagración Mundial o se continuará con estas Peligrosas Escaramuzas de "Guerra Prolongada " en los Bordes?
Que se continúe con enfrentamientos “medidos” hace posible una estabilización de los bloques económicos. Esto implicaría nuevas instituciones financieras, monedas alternativas al dólar y acuerdos energéticos distintos. La consolidación de los Brix como competencia a occidente, y la apertura de un nuevo proceso de bipolaridad.
¿Y la clase trabajadora?
Las transiciones hegemónicas nunca son procesos pacíficos. Cuando un orden mundial se agota y otro intenta emerger, las tensiones económicas, políticas y militares se multiplican. En ese contexto, la clase trabajadora aparece en una situación paradójica: es la principal víctima de la crisis, pero al mismo tiempo podría ser el único sujeto capaz de ofrecer una salida revolucionaria que quiebre la fatal secuencia sistémica de, Crecimiento, Estancamiento, Crisis, para luego de la destrucción, iniciar un nuevo ciclo de acumulación y crecimiento.
El actual proletariado está muy lejos del que otrora levantara consignas como: ¡¡¡Paz entre Pueblos, Guerra entre Clases!! o aquella premisa Comunista de transformar la Guerra Imperialista en Guerra Civil.
Hoy el mundo atraviesa un momento de transición. El predominio global de Estados Unidos —construido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y consolidado después de la caída de la Unión Soviética— enfrenta un desafío estructural por parte de nuevas potencias, principalmente China, pero también de actores como Rusia o Irán. Esta disputa es una pelea por mercados, recursos naturales, rutas comerciales, tecnología y áreas de influencia.
En ese proceso, cientos de miles de personas —obreros, campesinos, trabajadores precarizados— están siendo sacrificados en conflictos directos o indirectos: guerras regionales, sanciones económicas, crisis inflacionarias, reestructuraciones productivas. El conflicto entre Rusia y Ucrania, el genocidio en Gaza, o las tensiones en torno a Venezuela o Cuba, el ataque de EEUU e Israel a Irán, son apenas algunos escenarios donde las potencias proyectan su disputa.
Pero el costo humano lo paga la clase trabajadora mundial.
Víctimas pasivas, carne de movilización reaccionaria o renacer del sentimiento antimperialista.
La historia demuestra que en momentos de crisis sistémica las clases dominantes buscan canalizar el malestar social hacia salidas reaccionarias. En lugar de que el conflicto se exprese como lucha social contra el capital, se lo desplaza hacia conflictos entre pueblos, entre Estados.
Así emergen nacionalismos, discursos civilizatorios o guerras culturales. La frustración social generada por la precarización laboral, la desigualdad y el deterioro de las condiciones de vida se transforma en odio hacia el extranjero, el migrante o el “enemigo nacional”.
La clase trabajadora deja de aparecer como clase y pasa a ser movilizada como masa nacional.
La crisis del capitalismo de principios del siglo XX desembocó en la Primera Guerra Mundial, donde millones de trabajadores europeos se masacraron entre sí defendiendo los intereses de sus respectivas burguesías. Pero también se pudo observar la emergencia de diferentes procesos revolucionarios, cuyo análisis y valoración escapan a alcance de este artículo.
Décadas después, la crisis de entreguerras y la respuesta del capitalismo a la oleada revolucionaria del proletariado, abrió el camino al fascismo y a la Segunda Guerra Mundial.
Hoy la Sed de preminencia Hegemónica del Imperialismo Yanki depara a la humanidad una nueva carnicería.
Otra hipótesis que esta ofensiva guerrerista pueda volver a despertar el espíritu antimperialista de diferentes pueblos del mundo, y que esto pueda impactar incluso en el pueblo norteamericano, que ya está sufriendo problemas económicos y la ofensiva racista de su propio Estado.
La fragmentación del proletariado global
A diferencia de otras épocas, la clase trabajadora contemporánea se encuentra profundamente fragmentada.
La globalización productiva deslocalizó fábricas, dispersó cadenas de valor y generó una enorme masa de trabajadores precarizados. Mientras una parte del proletariado industrial se expandió en Asia —especialmente en China, Vietnam o Bangladesh—, en gran parte de Occidente se produjo un proceso de desindustrialización y precarización.
La consecuencia es un proletariado mundial enorme, carente hoy de las perspectivas revolucionarias que desarrolló en el siglo pasado, esto implica una crisis de subjetividad, que merece un análisis particular.
A esto se suma la crisis de las organizaciones tradicionales del movimiento obrero. Muchos sindicatos se integraron a los Estados o quedaron atrapados en lógicas corporativas nacionales incapaces de responder a una potencial lucha globalizada y organizaciones, otrora insurgentes, se han adaptado a la institucionalidad sistémica.
Crisis, oportunidad o barbarie
Las transiciones hegemónicas son momentos de inestabilidad profunda. Pueden abrir procesos emancipatorios o precipitar catástrofes históricas.
El problema central es que el capitalismo no puede reorganizar el mundo sin devastar los ecosistemas, sin destruir fuerzas productivas, sin guerras y sin disciplinar a la clase trabajadora con la mayor violencia.
La competencia entre potencias acelera esa dinámica.
Por eso la pregunta estratégica vuelve a ser la misma que atravesó el siglo XX:¿la clase trabajadora logrará intervenir como sujeto político global o será arrastrada como masa a una nueva barbarie?
Si permanece fragmentada, subordinada a proyectos nacionales burgueses o capturada por discursos reaccionarios, el resultado puede ser un ciclo prolongado de guerras, autoritarismo y degradación social.
Pero si logra reconstruir formas de organización internacional, articular luchas sociales y disputar el rumbo de las crisis, podría transformar el escenario de crisis en una oportunidad histórica emancipatoria. Sin embargo, este proceso enfrenta un obstáculo decisivo: la crisis de subjetividad de la propia clase trabajadora. Décadas de derrotas, fragmentación laboral, precarización y ofensiva ideológica del capital han erosionado la confianza en su propia potencia histórica. En amplios sectores se ha debilitado la idea misma de que exista una salida colectiva frente a la crisis del sistema.
La disputa de esta época no es solamente económica o geopolítica: es también una batalla por la conciencia. Reconstruir la subjetividad de la clase trabajadora —su capacidad de reconocerse como fuerza histórica capaz de transformar la sociedad— es una condición central para cualquier perspectiva emancipatoria.
La huelga General en Italia contra el Genocidio en Gaza, o las acciones del 6 de febrero de 2026, dónde decenas de miles de trabajadores portuarios realizaron una jornada coordinada de huelga y bloqueo en 21 puertos de Europa y el Mediterráneo en solidaridad con Palestina y contra el envío de armas a Israel, plantean un camino posible de constitución de la subjetividad obrera.
Estas acciones incluyeron protestas y paros en puertos de países como, Italia, Grecia, Francia y España.

En última instancia, en esta transición hegemónica también se decide si el siglo XXI será recordado como un tiempo de emancipación o como el preludio de una nueva era de barbarie.



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