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En Alta Mar, la asamblea y el Motín de los marinos del Nddanddu En las Cloacas del Congreso, la Demotransa capitalista

  • Foto del escritor: Omar Rombolá
    Omar Rombolá
  • 5 feb
  • 3 Min. de lectura

En Alta Mar, la asamblea y el Motín de los marinos del Nddanddu

En las Cloacas del Congreso, la Demotransa capitalista


Omar Rombolá Para Karne de Máquina

 

El Motín del Nddanddu, la democracia de los obreros


En alta mar, lejos de los salones alfombrados y de los discursos de ocasión, ocurrió una escena de democracia de los de abajo. No hubo micrófonos ni actas notariales. Hubo hombres con las manos cortadas por el frío, el salitre y el trabajo, que dijeron Basta.

Los trabajadores marítimos del buque fresquero Nddanddu, de la empresa Luez SA, se negaron a seguir encajonando solo calamar mientras la merluza hubbsi —una de las especies más castigadas del Mar Argentino— era arrojada por la borda como basura.

El barco había salido con el calamar como especie objetivo, pero cada lance traía toneladas de merluza. La orden del armador era clara: guardar lo rentable, tirar lo demás.

Eso es el capitalismo: lo que no entra en el cálculo de la ganancia se tira al agua, aunque sea un derroche del patrimonio biológico del país.

Frente a esa lógica, los marineros: decidieron colectivamente. Se plantaron, se negaron a seguir siendo cómplices de un ecocidio silencioso y Se alzaron en Motín.

El patrón respondió como responden siempre los patrones cuando alguien desobedece: con amenazas. Amenazó con desembarcarlos, con no pagarles el pasaje de regreso a los que no eran de Comodoro, con castigarlos por atreverse a defender la fauna marina y poner en cuestión los intereses patronales.


buque fresquero Nddanddu
buque fresquero Nddanddu

Recién cuando los trabajadores avisaron que tenían pruebas —videos del descarte de la hubbsi— llegó la orden desde tierra: que la merluza también vaya a bodega.

Ese gesto, de dignidad y defensa de los bienes comunes, irrumpió junto a la decisión asamblearia, a la democracia de los de abajo.

Sin poder institucional, sin fueros, ni privilegios, se organizaron para defender un bien común: el mar y su fauna.

Cuando llegaron a puerto renunciaron en forma masiva, no estaban dispuestos a convalidar una práctica, que basada en principio de la mayor ganancia, realice un derroche de recursos naturales y llene al mar de cadáveres.

Y hay otro dato que vuelve todo todavía más obsceno: el mismo empresario del Nddanddu, Luis Santander, recibe cuotas sociales de merluza que le otorgan las provincias como si fueran favores políticos. El barco no tiene CITC, pesca con cuota social, y aun así recibió mil toneladas por decisión administrativa. Es la versión pesquera del mismo régimen: concesiones arriba, sacrificio abajo.


La Democracia de las corporaciones


A cientos de kilómetros, en el Congreso de la Nación se desarrollaba otra escena: la Democracia de los Ricos.

Gobernadores que entregan el voto de sus senadores como moneda de cambio. Legisladores que subastan decisiones políticas como en un remate. Ahí se pone precio para levantar la mano y destruir derechos laborales, y/o también para profundizar el Ecocidio, avanzando por ejemplo contra la Ley de Glaciares, y así entregar el agua a las mineras y petroleras.

Con el pretexto de “defender los intereses de sus provincia”, Los Gobernadores y sus legisladores se preparan para aprobar una Reforma Laboral regresiva y antiobrera, en su mapa mental no existen laburantes, ni enfermeras, ni obreros, ni marineros en sus feudos, sólo empresas, petroleras, mineras, pooles sojeros y cámaras patronales.


Un régimen de los de arriba

Cien Chetos que ganan lo equivalente a 32 jubilaciones, muchos de ellos empresarios, decidiendo el destino de millones de personas que viven de su salario.

Son los que vienen de Punta del Este, de los countries, de las estancias, a votar contra el derecho de huelga, contra las asambleas, contra la jornada una laboral limitada y especificada por el convenio, contra la indemnización por despido. Son los que llaman “modernización” a la precarización y “libertad” al derecho del patrón a despedir barato y a hacer lo que quiera con el tiempo del laburante.

Mientras los marineros del Nddanddu defendían la fauna y el ecosistema, estos señores defienden el extractivismo, un modelo donde el trabajador es descartable, de la misma manera que los recursos naturales, todo se supedita a la ganancia capitalista.


Un motín que marca un rumbo


Por eso el conflicto del Nddanddu no es una anécdota marítima. Es una postal de época.

Por un lado, una democracia vaciada que legisla para los poderosos. Por otro, trabajadores que, cuando se organizan asumen la vida en sus propias manos, defendiendo al mar y la dignidad.

La verdadera grieta es de clase. Entre la democracia de los ricos, una verdadera dictadura para la clase trabajadora y la democracia que nace cuando los laburantes comienzan a tomar la vida en sus propias manos.

El Motín de los marineros del Nddanddu es la prefiguración de ese mundo nuevo que aún late en nuestros corazones.

 
 
 

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